Aunque no consiguió ver puerta, la cantidad de espacios y de problemas que generó Viktor Gyökeres fueron numerosos. Precisamente por un desmarque suyo llegó el gol de Saka que lleva al Arsenal a Budapest.
Hace un año Gyökeres era una de las joyas del mercado, joven, con un juego aéreo escandaloso y una finura dentro del área que hacía temblar a las defensas lusas. Las novias no tardaron en salir. Barça, Manchester United, PSG, Atlético y Arsenal llamaban a su puerta.
Después de un verano de incertidumbre y culebrón, el delantero sueco llegó a Londres por 68 millones de euros, era la pieza que le faltaba a Arteta, un nueve puro.
Primer tramo de temporada irregular
Las expectativas eran altísimas, porque en la prensa solo se leía que el Arsenal había firmado a uno de los delanteros de esta próxima década. Toda esa presión y los problemas físicos mermaron al punta escandinavo que, en referencia a su celebración, se había ocultado en una máscara que le impedía ver portería.
Fueron muchos periodistas y medios que tildaban su fichaje como un fracaso, al ver como Kai Havertz o Mikel Merino, reconvertido a punta, eran más importantes y más efectivos que él en un equipo que aspiraba a todo.
La presión y la creación de espacios como valores añadidos
La profesión de delantero es de las más ingratas del fútbol, la mayoría de críticas vienen de personas que solo ven las estadísticas y los resúmenes de un partido.
Esta tendencia ha perseguido a grandes delanteros, Karim Benzema, Antoine Griezmann o Álvaro Morata quienes, en palabras de muchos entrenadores, aportan mucho más que goles. Trabajo sin balón, coberturas defensivas, último pase y generación de huecos.

Oblak mira derrotado a Gyokeres, Rice y Saka celebrar el gol del Arsenal/ GOAL
Esto último aportó Viktor Gyökeres ayer para meter a su equipo en una final de Champions 20 años después. Sobre el minuto 43 un balón a la espalda sorprende a la defensa atlética.
Viktor se marcha de Ruggeri con una zancada poderosa y ante la indecisión de Oblak deja el balón franco para el tiro de Trossard, el cuál tras el rechace del esloveno, es empujado a place por Saka.
La imagen es la del «7» gunner celebrando con la grada, pero la acción nace de una ruptura de Gyökeres que da sentido a toda la jugada y que deja a la defensa del Atleti completamente desbordada.
A partir de ese gol, tuvo que bailar con la más fea, un Marc Pubill que no lo dejaba respirar. Pero cuando se libraba del zaguero catalán, ganaba todos los duelos aéreos, ponía en ventaja a sus extremos y continuó generando huecos en un Atlético, por momentos, desdibujado.
Menos cifras pero más registros
Repetir la histórica campaña de los 53 goles, que casi le dan la Bota de Oro por encima de Mbappe, era humanamente imposible. Más aún con el salto de nivel entre la liga portuguesa y la Premier, donde las defensas y la calidad táctica y técnica son netamente superiores.
Pese al mal inicio, Gyökeres, ha firmado 14 goles en 33 partidos, donde ha sido de la partida en 25. Esta titularidad la ha ido adquiriendo estos últimos meses con las bajas de Merino y Havertz.

Viktor Gyökeres presiona en un partido en el Emirates Stadium/ Dailly Cannon
A expensas de amarrar la Premier y ver lo que pasa en Hungría la campaña de Gyökeres no es ni mucho menos negativa, ha aportado muchas cualidades sin balón y unas cifras acordes a su rol esta temporada, un suplente de lujo que todavía tiene que adaptarse del todo al fútbol inglés.





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