El orden táctico de Colombia contra la electricidad herida de Suiza

Hay selecciones que llegan a los octavos de final como un trueno y otras que lo hacen como un susurro. Colombia y Suiza han recorrido caminos opuestos hasta encontrarse en el BC Place de Vancouver, pero comparten un mismo destino: ser las grandes tapadas de su lado del cuadro. Ambas invictas, ambas con argumentos para soñar, ambas con una cita con la historia que les exige dar un paso al frente.
Los cafeteros han construido su solidez desde el silencio. Sin los focos que merecen condenados a horarios intempestivos para el espectador español . Suiza, por su parte, llegó de menos a más, pero el destino le ha jugado una mala pasada justo antes del gran examen.
Colombia: el arte de transicionar desde el cuadrado

Néstor Lorenzo ha dado con la tecla. Su Colombia no es aquella que dependía del arrebato individual; es un equipo que sabe cuándo dominar y cuándo replegarse, y lo hace con una sincronización casi milimétrica. La clave está en ese cuadrado del centro del campo donde James Rodríguez y Jhon Arias cobran altura como mediapuntas en momentos de dominio, asociándose para generar superioridades numéricas en tres cuartos de cancha.
Pero lo verdaderamente interesante ocurre cuando el equipo transiciona. James se puede meter por dentro, abandonando la banda para convertirse en el único mediapunta y liberando así el carril derecho para que Daniel Muñoz ya con dos goles en el torneo suba como un carrilero más. En ese mismo movimiento, Luis Díaz puede ganar altura como delantero, casi como un segundo punta, mientras los laterales se convierten en extremos puros. Es entonces cuando Jefferson Lerma se acomoda entre los centrales, y el equipo pasa de un bloque medio a un bloque alto con una fluidez pasmosa.
Esa versatilidad es la que ha permitido a Colombia ganar todo con solvencia :Uzbekistán, Congo, Ghana y solo no pudo con Portugal, a la que probablemente debió ganar, en un empate que supo a poco pero que confirmó su estatus
Suiza: la pólvora está en la enfermería

Del otro lado, Murat Yakin ha visto cómo su plan se desmorona en la peor semana posible. Suiza llegó a los octavos con un juego en progresión, encontrando en Johan Manzambi a ese jugador eléctrico que dividía líneas con conducciones, batía a rivales y aparecía en segunda línea con una facilidad pasmosa. El joven de 20 años sumaba tres goles y dos asistencias, siendo el máximo goleador y el socio ideal de Breel Embolo.
Pero una lesión de rodilla en el entrenamiento del lunes, sin contacto aparente, lo ha dejado fuera. Y no es la única baja: Rubén Vargas y Djibril Sow arrastran molestias, Michel Aebischer y Luca Jaquez ya estaban descartados. Suiza pierde a su generador de juego y llega con el centro del campo diezmado.
Lo que sí es una certeza son sus extremos. Ndoye, Vargas (si llega) y Okafor prometen y cumplen: cirugía en tres cuartos, atrevimiento para encarar y una capacidad de desborde que puede hacer daño a cualquier defensa. Okafor, que encontró la red en ocho ocasiones con el Leeds la temporada pasada, podría tener minutos y ser el revulsivo
Los nueves y su cuenta pendiente

El partido se juega también en el área, y ahí hay dos nombres que deben dar el do de pecho.
Luis Suárez llega al Mundial después de una gran temporada en el Sporting de Lisboa, con números que avalan su condición de killer. Pero con la selección, el delantero de 28 años aún no ha logrado despegar. Ha tenido ocasiones, ha estado cerca, pero el gol en una Copa del Mundo se le resiste. Este es el escenario ideal para romper esa sequía y demostrar que su olfato goleador no entiende de camisetas.
Breel Embolo, al contrario, es un delantero de torneos cortos. En este Mundial ya ha participado directamente en al menos un gol en cada uno de los cuatro partidos de Suiza, con dos tantos y dos asistencias. Su físico, su capacidad de aguantar de espaldas y su asociación con los extremos lo convierten en un martirio para cualquier central. Pero ahora, sin Manzambi a su lado, tendrá que cargar con todo el peso ofensivo. Y ahí, en esa soledad, es donde se miden los grandes.
Partido de ida y vuelta
Será un gran encuentro porque ambos equipos saben lo que está en juego. Colombia lleva el invicto como estandarte y la táctica como bandera. Suiza llega herida pero con la urgencia de demostrar que no es un equipo de una sola figura. Será un partido de ida y vuelta, de transiciones, de duelos individuales y de esos momentos de brillantez que deciden los octavos de final.
El que pase se enfrentará al vencedor de Argentina-Egipto. Pero antes, Colombia y Suiza tienen una cuenta pendiente: demostrar que ser la tapada no es un destino, sino un punto de partida.





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