El destino no ha esperado ni una semana para servir la revancha. Apenas unos días después del choque liguero en Mendizorrotza, Mirandés y Sporting de Gijón volverán a verse las caras, esta vez en la Copa del Rey, con el orgullo y el pase de ronda en juego.
El pasado viernes, el Mirandés se impuso por 2-1 al Sporting en un encuentro de alta intensidad. Carlos Fernández empató el marcador para los locales, Gonzalo Petit remontó la ventaja con un gran disparo, y Jonathan Dubasin, desde el punto de penalti, para los rojiblancos donde no valdría para nada. Un resultado que dolió en Gijón y que ahora encuentra su oportunidad de desquite en la competición del KO.
Borja Jiménez, técnico del Sporting, afronta el partido con la idea de dar un golpe sobre la mesa y demostrar que su equipo sabe reaccionar cuando toca hacerlo. Habrá rotaciones, pero no concesiones: la Copa también es una cuestión de carácter.
Enfrente estará un Mirandés crecido, que con Jesús Galván al mando ha mostrado solidez y confianza en su juego. Los burgaleses, impulsados por su reciente victoria, quieren mantener la inercia y volver a ser ese equipo incómodo que tanto disfruta en los torneos eliminatorios.
Mendizorrotza volverá a ser el escenario, esta vez con un ambiente aún más especial. No hay margen de error, ni tiempo para especular. En la Copa todo se decide en 90 minutos (o un poco más), y tanto jabatos como asturianos saben que aquí no se juega solo por pasar, se juega por orgullo.
El duelo promete tensión, ritmo y revancha.
La herida del viernes aún escuece en Gijón, y la Copa ofrece el escenario perfecto para intentar cerrarla.
Mirandés y Sporting vuelven a encontrarse. Mismo lugar, distinta historia por escribir.




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