Tras más de 11 años buscando una salida de cualquier manera del fútbol semi profesional. El Real Murcia arranca el año con los mismos propósitos que hace más de una década. la Segunda División se resiste y la ambición no descansa, la afición esperanzada busca de nuevo una cornisa en la que apoyarse para no caer en la desesperación.
Adrián Colunga como cabeza de serie
Si algo ha cambiado el Real Murcia desde que comenzó la temporada es en la idea de juego marcada anteriormente por un Joseba Etxeberría que no tuvo la suerte necesaria para triunfar en un club repleto de historia. La destitución de la leyenda del Athletic Club abría un abanico de posibilidades cuyos resultados no parecían convincentes. Con la temporada ya funcionando y los clubes con sus respectivos técnicos, la búsqueda de un líder se complicó hasta el punto de verse en la obligación de subir al entrenador del filial.

Para sorpresa de todos, Adrián Colunga estaba plenamente preparado para solventar una situación que parecía, en ocasiones, un desastre sin remedio. La llegada del ex futbolista del Getafe al primer equipo del Real Murcia fue un escándalo a nivel positivo. El esquema del equipo cambió y el gran trabajo de detrás se veía reflejado en los resultados cada fin de semana.
La situación dio un giro inesperado y el Real Murcia bajo los mandos de Colunga pasó de ser el último clasificado del Grupo II de Primera Federación, a convertirse en el mejor equipo en cuanto a estado de forma de los últimos dos meses. Siete victorias y un empate en los últimos nueve partidos (+2 eliminatorias de Copa del Rey superadas), son los números que alberga Adrián Colunga desde su llegada.
El objetivo sigue intacto
A pesar de que pasen los años y las cosas parezcan iguales, el sueño de volver al fútbol profesional se mantiene intacto y más latente que nunca. Los jugadores suelen estar de paso por este club, pero a todos les marca la cantidad de aficionados y el nivel de compromiso que muestran cada fin de semana. Quieran o no, el Real Murcia se convierte en parte de sus vidas de una forma u otra.
2026 se presenta como un año de cambios, donde las deudas han desaparecido, el periodo de transición parece superado y los dirigentes apuestan más que nunca por un proyecto ganador. Los problemas de dejar la institución a la deriva desaparecieron, por lo que todo apunta a que podría ser un año repleto de éxitos y quien sabe si el año de volver.
La lista de propósitos es corta pero directa. Mientras todo siga en su curso, el Real Murcia debe continuar en su lucha por salir del barro y volver a competir donde la historia lo posiciona. El rey de Segunda División que ha ganado miles de batallas y que por momentos parecía que debía rendirse. Sin embargo, su gente y las ganas de fútbol de la capital murciana no duermen igual desde que su club, desapareció del mapa del fútbol profesional.




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