
imagen vía RC Celta
El conjunto vigués asalta Chamartín con un doblete de Williot Swedberg en un partido correspondiente a la 15ª jornada de LaLiga, el equipo de Claudio Giráldez firma un triunfo de prestigio (0-2) ante un Real Madrid sin ideas, superado en el juego y cada vez más cuestionado y a 4 puntos del Barcelona.
El Celta de Vigo protagonizó una noche para el recuerdo en el Santiago Bernabéu tras imponerse por 0-2 al Real Madrid en un partido muy serio de los celestes. Un doblete de Williot Swedberg, el gran protagonista de la noche, castigó a un conjunto blanco que acabó enormemente frustrado y fue un equipo espeso, sin soluciones ofensivas y atrapado en una dinámica negativa que vuelve a encender todas las alarmas, además sabiendo que en 3 días el Manchester City de Guardiola visitará el coliseo blanco.
El partido arrancó con el Real Madrid intentando imponer su autoridad habitual en casa, monopolizando la posesión y empujando al Celta hacia su propio campo. Sin embargo, ese control inicial no se tradujo en ocasiones claras. El equipo blanco movía el balón con lentitud además de un equipo inmóvil y sin profundidad, faltos de intensidad, mientras el Celta se mantenía firme, replegado con orden y atento a cualquier intento de desequilibrio. Y saliendo de un intento de presión del Madrid muy fácilmente que provocó muchas jugadas de peligro en la primera mitad, pero que los de Giráldez no supieron materializar.
Desde el primer minuto quedó claro que el conjunto vigués no había viajado a Madrid para especular sin más. Las líneas se mantenían compactas y las ayudas defensivas funcionaban con precisión. El Madrid, aunque dominador territorialmente, encontraba muchas dificultades para superar el entramado celeste, que cerraba bien los espacios interiores y obligaba a jugar por fuera, con una banda derecha nula del Madrid y Vinicius y Mbappé poco inspirados, además de un Bellingham desaparecido y con un paso por el partido desapercibido de los tres y de todo el equipo en general, y que no provocaron ningún miedo a la defensa del Celta que jugó muy cómodo en defensa y en ataque todo el partido.
La primera mitad avanzó con un ritmo bajo y pocas oportunidades claras de gol. El Madrid lo intentó acciones aisladas, como un cabezazo de Bellingham en un córner, varias oprtunidades de Güler, o un disparo de Vinicius que sacó Radu, además de varios tiros sin peligro desde fuera pero ninguna de estas oportunidades provocaron excesivo peligro para el Celta, pero poco peligro más de los locales. El Celta, por su parte, aceptó el guion previsto con naturalidad, defendió con serenidad y no sufrió en exceso. Las pocas aproximaciones viguesas llegaron tras recuperaciones rápidas, sin asumir riesgos innecesarios pero que con un poco más de calma en los metros finales y en el último pase se podrían ya haber adelantado antes de la segunda mitad. Pero el empate al descanso era una consecuencia lógica de lo visto sobre el césped.

imagen vía El Correo de Andalucía
Tras el paso por vestuarios, el encuentro dio un giro. El Celta salió más decidido, con mayor presencia en campo contrario y mejor lectura del partido y con la entrada del decisivo Williot por el lesionado Pablo Durán. En el minuto 53 llegó el primer golpe. Williot Swedberg apareció con inteligencia en el área para adelantar a los visitantes, culminando una acción bien elaborada con un gol de espuela increíble desde el punto de penalti tras un pase de Bryan Zaragoza y premiando el crecimiento del equipo en la segunda mitad y la gran labor en todo el encuentro de un gran Celta.
El gol supuso un punto de inflexión. El Real Madrid trató de reaccionar, pero lo hizo con precipitación y sin claridad colectiva. Aunque acumuló hombres en ataque, su juego continuó siendo previsible, con escasa circulación entre líneas y pocas soluciones en los metros finales. El Celta, lejos de replegarse en exceso, supo manejar los tiempos y mantuvo la calma en los momentos más delicados.
Con el paso de los minutos, el conjunto vigués fue ganando confianza. Cada recuperación era celebrada como una pequeña victoria y el equipo transmitía seguridad desde atrás. El Madrid, por contra, empezó a mostrar signos de nerviosismo, acumulando faltas y protestas que acabaron desembocando en por ejemplo una expulsión de Fran García por una doble amarilla por cometer dos faltas incomprensibles seguidamente, pero que sorprendentemente esa expulsión revolucionó al Madrid y al Bernabéu que a partir de ahí mostró al menos algo de garra, y una versión al menos con intensidad y ganas de ir a por el encuentro, pero que no consiguieron encontrar el camino hacia el gol.
El tramo final fue un ejercicio de control por parte del conjunto gallego. Que aunque con superioridad numérica y ventaja en el marcador mostrara su peor versión en el partido y muestras notorias de nerviosismo, el Celta, al final, gestionó el partido con madurez, minimizó riesgos y evitó cualquier conato de reacción local. El Real Madrid ya en los minutos finales desesperado, terminó el encuentro con la expulsión de Carreras, por una falta y una desaprobación al colegiado, que le costó la expulsión y que posteriormente a la expulsión de Carreras, en el descuento, en un ataque del Celta con un Madrid ya roto, con 9 futbolistas en el campo, acabó con un gran pase de Iago Aspas a Williot que lo dejó solo ante Courtois, le recortó y entró andando con el balón a la portería, anotando así el definitorio 0-2 merecido para los vigueses y que dejó al Madrid entre gestos de impotencia y frustración y con un ambiente muy distinto al habitual en su estadio que despidió al árbitro y al equipo con una sonora pitada después de la inadmisible actuación del Madrid en su feudo.

imagen Vía RC Celta
La victoria supone un triunfo de enorme valor para el Celta, no solo por el escenario y el rival, sino por las sensaciones transmitidas. El equipo mostró personalidad, disciplina táctica y una gran fiabilidad defensiva, coronadas por la inspiración de Swedberg. Son tres puntos que refuerzan la confianza del grupo y confirman su capacidad para competir lejos de Balaídos.
Para el Real Madrid, la derrota supone un nuevo tropiezo en un momento delicado de la temporada para el equipo y su entrenador, Xabi Alonso cada vez más cuestionado entre la afición y el entorno madridista. La falta de soluciones ofensivas, algunas carencias colectivas y las expulsiones finales reflejan el estado de un equipo que sigue sin encontrar estabilidad últimamente como demuestran sus últimos resultados, salvando el que parece un espejismo en San Mamés. El Celta de Claudio Giráldez aprovechó todo esto y salió del Bernabéu con una victoria histórica y un fútbol muy bueno.
Próximo objetivos de ambos:
El Real Madrid tendrá el miércoles Champions en el Bernabéu ante el City y en liga el domingo a las 21 horas en Mendizorroza contra el Álaves.
El Celta en su caso tambien tendrá competición europea, se enfrentará en Balaídos en la Europa League contra el Bolonia, el jueves a las 9 de la noche y en liga buscará su primera victoria en casa en la competición nacional el domingo a las 16:15h contra el Athletic Club.
FICHA TÉCNICA:
0 – Real Madrid: Courtois; Raúl Asencio, Militao (Rüdiger, min.21), Carreras, Fran García; Tchouaméni, Fede Valverde, Arda Güler (Gonzalo, min.74), Bellingham; Vinícius y Mbappé.
2 – Celta: Radu; Mingueza (Javi Rueda, min.71), Javi Rodríguez, Starfelt, Marcos Alonso, Carreira; Miguel Román (Fran Beltrán, min.84), Moriba, Pablo Durán (Williot, min.46), Bryan Zaragoza (Ferrán Jutglà, min.71); y Borja Iglesias (Iago Aspas, min.87).
Goles: 0-1, minuto 54: Williot. 0-2, minuto 93: Williot.
Árbitro: Alejandro Quintero González, andaluz. Amonestó a Jude Bellingham (min.62), a Valverde (min.92) y a Rodrygo (min.92) y expulsó a Fran García por doble amarilla (min.63 y min.64) y a Álvaro Carreras (min.91 ambas, amarilla y roja directa) en el Real Madrid. En el Celta de Vigo, mostró cartulina amarilla a Ilaix Moriba (min.83).




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