El FC Barcelona se llevó los primeros tres puntos de la temporada tras un partido muy polémico, donde el espectáculo pasó a un segundo plano .

Lo que debía ser una fiesta del fútbol, acabó en otra de esas tarde-noche negras del fútbol español. El Mallorca recibía al todopoderoso Barcelona con las ganas e ilusión de poder hacer frente al gran equipo que dirige Hansi Flick, sin embargo el árbitro quiso ser protagonista y dejó al Mallorca con 9 a la media hora de encuentro.
Primera Parte
El partido comenzó con un Barcelona muy superior, como era de esperar, sin embargo el Mallorca se defendía bien y evitaba los avances por la banda de Raphinha y Lamine Yamal. Sería por la banda del joven culé cuando se desataría la primera polémica en el minuto 7, ya que al recibir el pase, se vio claramente como el balón había salido fuera, pero Martínez Munuera no lo interpretó así, dejó la jugada y tras un gran centro del propio Lamine Yamal, encontraba a Raphinha para colocar el primer gol de la tarde.

Rápidamente los jugadores del Mallorca, incrédulos ante lo que estaba pasando, protestaron al árbitro quien no se tomó molestias en ver la repetición de la jugada y de cierta manera, viendo las imágenes en frío, cometía una injusticia al Mallorca. Además Manu Morlanes vio cartulina amarilla, en una jugada donde Munuera se había equivocado y los jugadores mallorquinistas tenían todo el derecho de quejarse.

Más adelante llegaría la segunda polémica del encuentro en el minuto 23, chut de Lamine Yamal que Raíllo intercepta con la cabeza y cae desplomado al terreno de juego. Munuera hace el amago de pitar pero no lo hace y Ferran Torres, como el más listo de la clase, aprovecha la situación para marcar el segundo gol. Rápidamente los jugadores del Mallorca van a protestar al colegiado quien les confirma el gol, desatando la locura en el estadio de Son Moix. Jagoba Arrasate no se lo podía creer, incrédulo ante lo que estaba pasando, se llevó una tarjeta amarilla por protestar.
Tras el 0-2 y con un hombre menos, la cosa no podía ir a peor, pero no fue así ya que en el minuto 39, tras un pase largo a Vedat Muriqi, este intentó golpear el balón dando de manera fortuita a Joan García, quien había salido para despejar. El colegiado señaló falta y tarjeta amarilla para el kosovar, pero tras ir al VAR, cambió su decisión por roja directa, dejando al Mallorca con 9 jugadores sobre el terreno de juego. Son Moix no daba crédito a lo que se estaba viviendo, provocando trifulcas entre aficionados de ambos equipos por las provocaciones de los aficionados culés. Poco después, Raphinha realizaría una dura e innecesaria entrada sobre Mateu Morey, pero tan solo vería la cartulina amarilla, siendo la entrada de roja directa prácticamente. Y así se llegaba al descanso con el partido prácticamente sentenciado.
Segunda Parte: Resilencia mallorquinista
La segunda mitad arrancó con un Barcelona mucho más relajado, consciente de que con dos hombres más sobre el terreno de juego y un 0-2 en el marcador el partido estaba encaminado. Sin embargo, esa bajada de intensidad del conjunto culé permitió que el Mallorca, pese a la inferioridad, sacara a relucir su orgullo y carácter competitivo. Los hombres de Arrasate se multiplicaban en defensa, tapaban espacios y mostraban un sacrificio encomiable, logrando mantener el marcador sin moverse durante gran parte del segundo acto.
La grada de Son Moix también jugaba su partido, empujando a los suyos y recordándole al árbitro, una y otra vez, la vergüenza vivida en la primera parte. Esa tensión acabó por trasladarse al campo cuando Lamine Yamal, en uno de sus piques habituales, tuvo un fuerte enfrentamiento verbal tanto con un sector de la grada como con el propio Jan Salas, lo que encendió todavía más los ánimos en el estadio.
A pesar del esfuerzo heroico del Mallorca, la calidad individual del Barça acabó marcando diferencias. En el minuto 94, Lamine se inventó un auténtico golazo desde fuera del área, imposible para Leo Román, firmando el 0-3 definitivo. El tanto fue celebrado con cierta chulería por parte del joven jugador, lo que volvió a caldear la tensión en la grada.

El público, consciente del esfuerzo de los suyos, despidió al equipo entre aplausos, en contraste con los silbidos y cánticos contra el colegiado Martínez Munuera, señalado como el gran protagonista negativo de la noche. Una vez más, lo que debía ser un partido de fútbol quedó manchado por las polémicas arbitrales. No se trata ya de errores puntuales, sino de una sensación reiterada de desigualdad en la toma de decisiones cuando se enfrentan los grandes contra los humildes. El Mallorca cayó con honor y orgullo, pero con la amarga certeza de que, en igualdad de condiciones, el guion podría haber sido muy distinto. Sabiendo evidentemente que el Barcelona era superior, pero nunca se sabe lo que hubiésemos visto ya que el señor Munuera nos lo impidió.




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